lunes 7 de septiembre de 2009

El que nace chicharra, muere cantando.

Se dice que el “que nace chicharra muere cantando”, triste sentencia si le podamos la poesía que comúnmente acompaña la muerte del cantor. Si nos quedamos sólo con ese cuerpo inerte, ya fatigado por ramalazos de olvido, sabremos que se va con las manos heridas y el corazón estrujado de asombros. Nada más.En su historia negada por la clase política amnésica y altanera, nadie dirá que ha deambulado como un gorrión enfermo por andenes, puertos y mercados, entonando el himno lacre de los combates antaño y que las monedas escasas que ruedan hasta sus bolsillos, nunca alcanzan para sosegar el hambre.Lo cierto es que las leyes nunca han favorecido al cantor, al músico de pueblo. Ni la 19.889 del 2003, que hace merecida justicia con actores y técnicos de cine, más insuficiente para los músicos que cuando despierta la noche, se echan a rodar como una luna risueña por bares y bachatas según Guillén. Los músicos chilenos requieren de un Estatuto, que regule su trabajo y le otorgue los beneficios que esta profesión requiere.El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Música SITMUCH que está cumpliendo su 15º aniversario exije que, debe ser obligatorio contratar músicos y artistas chilenos en hoteles, restaurantes, locales nocturnos diversos y no suplirlo con música envasada. Pero ese trabajo debe ser regulado, con tarifas justas y trabajo digno. Más que festivales manipulados y poco transparentes se deben promover concursos musicales donde se exhiba excelencia musical y temática. Es preciso instaurar el pago de una cuota de paso o pase intersindical a los artistas extranjeros que vienen a nuestro país y que vendría a financiar planes y actividades en directo beneficio de los músicos nacionales. Los teloneros deben ser chilenos y se les debe pagar decentemente. Se deben otorgar pensiones de gracia con un piso de un sueldo mínimo a quiénes entregaron una vida en la creación, rescate y difusión de nuestro repertorio patrio.En estos tiempos se le ha dado las espaldas a los cantores y músicos que lucharon en las calles por el retorno a la democracia. Parece que la historia comienza con el aterrizaje farandulero de algunas figuritas de última hora. La amnesia es una plaga que afecta severamente a nuestra clase política. De igual manera en televisión se miente descaradamente haciendo creer a la gente que la “Nueva Canción Chilena” y el “Canto Nuevo” fueron impulsados por figuritas televisivas y no por los cantores del pueblo. Este movimiento que une la canción política surgida antes y bajo la dictadura nada tiene que ver con contenidos y formas presentados en forma sesgada en la pantalla chica. Al concluir un recuerdo a mis valientes colegas de la histórica "Peña Javiera" y de todas las peñas hermanas,, con los cuales batallamos en calles y plazas contra la prepotencia y el pillaje. A los heroicos cantores de los años 60 y 70 que mantuvieron en alto la canción libertaria. A los auténticos trovadores y musicantes que se dieron como luz sobre las casas y que hoy reciben el inefable “Pago de Chile”.